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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Una dieta saludable se asocia con una mayor autoestima en los menores.

Así concluye un nuevo estudio realizado en ocho países, entre ellos España, que también recoge datos a la inversa: la autoestima se vincula con pautas que restringen el consumo de azúcares y grasas, y fomentan el de pescados y verduras.

Un estudio publicado en la revista BMC Public Health asocia la ingesta de productos saludables con una mayor autoestima y menos trastornos emocionales en los menores, independientemente del peso corporal. “Una dieta saludable puede mejorar el bienestar de los niños”, explica Louise Arvidsson, una de las autoras del trabajo, de la Universidad de Gotemburgo, Suecia. “En los pequeños hay una asociación entre el cumplimiento de las pautas dietéticas saludables y un mayor bienestar psicológico –lo que incluye menos problemas emocionales, mejores relaciones con otros niños y una mayor autoestima– dos años después".

Tras examinar a 7.675 niños de dos a nueve años de ocho países europeos (Bélgica, Chipre, Estonia, Alemania, Hungría, España y Suecia), los investigadores encontraron que una puntuación mayor en un índice de adherencia alimentaria saludable (HDAS) al inicio del estudio estaba asociado con una mayor autoestima y menos problemas emocionales y con sus semejantes un par de años después.

Además, las asociaciones entre HDAS y el bienestar fueron similares para los niños que tenían un peso normal y los que sufrían sobrepeso. "Fue sorprendente descubrir que la asociación entre la dieta inicial y un mayor bienestar dos años después era independiente de la posición socioeconómica de los niños y su peso corporal", añade Arvidsson.

El HDAS tiene como objetivo capturar el cumplimiento de las pautas dietéticas saludables, que incluyen limitar la ingesta de azúcares refinados, reducir las grasas y comer frutas y verduras. Un HDAS más alto indica una mejor adherencia a las recomendaciones, es decir, una alimentación más saludable. Las pautas son comunes a los ocho países incluidos en este estudio.

Más pescado y verduras

Los autores utilizaron datos de un estudio prospectivo de cohortes que pretende comprender cómo prevenir el sobrepeso en los niños y al mismo tiempo considerar los múltiples factores que contribuyen a ello. Al comienzo del período de estudio, se les pidió a los padres que informaran con qué frecuencia por semana sus hijos consumían alimentos de una lista de 43 artículos. Dependiendo de su consumo de estos alimentos, a los niños se les asignó una puntuación HDAS.

El bienestar psicosocial se evaluó en función de la autoestima, las relaciones con los padres, los problemas emocionales y con los compañeros. También se midieron la altura y el peso de los niños. Todos los cuestionarios se repitieron dos años después.

El estudio es el primero en analizar los componentes individuales incluidos en el HDAS y sus asociaciones con el bienestar de los niños. Los autores encontraron que la ingesta de pescado de acuerdo con las directrices (2-3 veces por semana) se asoció con una mejor autoestima y con una ausencia de problemas emocionales y entre compañeros. La ingesta de productos integrales se asoció con una falta de conflictos entre iguales.

Las asociaciones iban en ambas direcciones, es decir, un mejor bienestar se relaciona con el consumo recomendado de frutas, verduras, azúcar y grasa; una mejor autoestima se asocia con la ingesta de azúcar de acuerdo con las directrices; las buenas relaciones con los padres con el consumo de frutas y verduras ponderado; menos problemas emocionales con la toma de grasa aceptable; y menos problemas con los compañeros se asocian con el consumo de frutas y verduras saludable.

Los resultados deben confirmarse

Los autores advierten que los niños con mala alimentación y bajo bienestar eran más propensos a abandonar los estudios y, por tanto, estaban subrepresentados en el seguimiento a dos años, lo que complica las conclusiones acerca de las verdaderas tasas de mala alimentación y bajo bienestar.

Es más, como el estudio es observacional y se basa en datos facilitados por los padres, no es posible extraer conclusiones sobre la causa y el efecto. "Estas asociaciones deben confirmarse en estudios experimentales que tengan en cuenta a los niños con diagnóstico clínico de depresión, ansiedad u otros trastornos del comportamiento, en lugar del bienestar informado por los padres", concluye Arvidsson.


BMC Public Health (2017); doi:10.1186/s12889-017-4920-5



miércoles, 22 de marzo de 2017

El consumo de frutas y verduras podría reducir el riesgo de EPOC.

Un estudio del Instituto Karolinska revela que los fumadores que consumían más de 5 porciones diarias tenían hasta un 40% menos de probabilidades de desarrollar esta enfermedad.

Investigadores del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, han descubierto que el consumo de frutas y verduras puede reducir el riesgo de desarrollar enfermedad pulmonar osbtructiva crónica (EPOC), incluso en pacientes fumadores o que han dejado de serlo. Así se desprende de los resultados de un estudio con más de 40.000 participantes publicado en la revista Thorax, que reveló que los fumadores que consumían más de 5 porciones de fruta o verdura a diario tenían hasta un 40% menos de probabilidades de desarrollar una EPOC, en comparación con quienes consumían menos de 2. Además, cada porción adicional reducía el riesgo un 8% más.

"Todos los fumadores y ex fumadores deben comer la mayor cantidad posible de frutas y verduras, ya que cada porción extra disminuye significativamente el riesgo", ha destacado Joanna Kaluza, autora de esta investigación.

Según los autores de este trabajo, esta reducción del riesgo podría deberse a los antioxidantes encontrados en estos alimentos, que podrían ayudar a proteger los pulmones del daño causado por el tabaquismo. En total analizaron datos de 44.335 hombres mayores y de mediana edad que no sufrían EPOC al inicio del estudio, cuando se sometieron a diferentes cuestionarios para detallar su consumo de determinados alimentos y si consumían tabaco.

Los investigadores hicieron un seguimiento a estos participantes desde 1998 a 2012, y utilizaron un registro de pacientes para determinar si se les había diagnosticado EPOC durante ese periodo. De los que eran fumadores o lo habían sido, casi dos tercios (1.918) desarrollaron la enfermedad. El equipo de investigación dividió a los participantes en cinco grupos de acuerdo con la cantidad de porciones de frutas y verduras que comían diariamente. El grupo superior comía más de 5 porciones al día, mientras que el más bajo comía menos de 2 porciones al día.

El beneficio no se observa en los no fumadores

Así, vieron un riesgo significativamente reducido de EPOC cuando los fumadores y exfumadores consumían muchas frutas y verduras, algo que sin embargo no observaron en los no fumadores. Los ex fumadores con un alto consumo de verduras fueron un 34% menos propensos a tener EPOC que los ex fumadores con bajo consumo de frutas y hortalizas, y cada porción adicional conllevaba una disminución del riesgo del 4%.
Cuando los investigadores analizaron los tipos de productos vinculados a un menor riesgo de EPOC, vieron una asociación con las manzanas, peras, pimientos y verduras de hoja verde, pero no pasaba tanto con los cítricos, los tomates o las cebollas. "El alto consumo de frutas y verduras no sólo reduce el riesgo de EPOC sino también de enfermedades cardiovasculares y cáncer, y ayuda a mantener el peso corporal adecuado y otros beneficios", ha señalado Kaluza.





miércoles, 24 de agosto de 2016

Nanopartículas obtenidas del jengibre contra la enfermedad inflamatoria intestinal.

Estas nanopartículas son absorbidas por las células del intestino donde se producen estas patologías, reparándolas e impulsando la proliferación de nuevas células que revisten al colon.

   Investigadores del Atlanta Veterans Affairs Medical Center, Estados Unidos, han conseguido obtener nanopartículas (de unos 230 nanómetros de diámetro) de la raíz del jengibre que podrían ayudar a curar la enfermedad inflamatoria intestinal, así como a combatir el cáncer relacionado con la colitis ulcerosa.

   En el trabajo, publicado en Biomaterials, los científicos comprobaron que estas nanopartículas son absorbidas por las células del intestino donde se producen estas patologías, reparándolas e impulsando la proliferación de nuevas células que revisten al colon. Además, ayudan a bajar la producción de proteínas que promueven la inflamación, aumentando las que combaten el proceso inflamatorio.

   "Parte del efecto terapéutico proviene de los altos niveles de moléculas de grasa en las partículas, como consecuencia de los lípidos naturales de la planta de jengibre. Uno de los lípidos es el ácido fosfatídico, un importante bloque de construcción de las membranas celulares. Asimismo, las partículas también retienen los componentes activos que se encuentran de forma natural en el jengibre, tales como 6-gingerol y 6-shogaol", han explicado los científicos.

   Ahora bien, la idea de luchar contra la enfermedad inflamatoria intestinal a través de nanopartículas no es algo nuevo, puesto que en los últimos años diversos expertos ya han explorado cómo se pueden administrar medicamentos convencionales a través de la nanotecnología.

   Un enfoque que puede permitir que las dosis de fármacos se entreguen únicamente cuando sean necesarias, evitando así efectos sistémicos no deseados. "La ventaja del jengibre es que no es tóxico, por lo que podría representar una fuente muy rentable para la medicina", han zanjado los científicos.






miércoles, 17 de agosto de 2016

Comer más proteína vegetal disminuye el riesgo de muerte.

Las personas que fuman, son sedentarias o beben demasiado alcohol tienen mayor probabilidad de morir debido al consumo de proteínas de origen animal, mientras que las proteínas vegetales disminuyen el riesgo, según un estudio.

   Comer más proteínas de fuentes vegetales está asociado con un menor riesgo de muerte, mientras que las proteínas animales lo aumentan, especialmente entre los adultos con hábitos de comportamiento poco saludables como fumar, beber alcohol en exceso, tener sobrepeso o ser sedentario, según un estudio publicado en JAMA Internal Medicine.

   "Mientras que los estudios anteriores se han centrado principalmente en la cantidad total de ingesta de proteínas, nuestro estudio analiza qué fuentes proteicas son más saludables”, explica Mingyang Song, investigador en el Hospital General de Massachusetts.

   Investigadores del Hospital General de Massachusetts y de la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos, han utilizado datos de dos grandes estudios dietéticos estadounidenses que llevan hasta 32 años analizando las costumbres alimentarias de la población. Los resultados mostraron que los 131.342 participantes ingerían de media en sus dietas un 14% de proteína animal frente a un 4% de proteína vegetal.

   Según la investigación, un incremento del 10% en la ingesta de proteínas animales aumenta un 8% el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares y un 2% por el resto de causas. Por el contrario, aumentar un 3% el consumo de proteínas vegetales disminuye un 12% las posibilidades de morir por un problema cardiovascular.

Mejor pescado que carne roja

   Esta asociación entre proteína animal y riesgo de mortalidad solo se aplica a los participantes con al menos un factor asociado a estilos de vida poco saludables: bajo peso o sobrepeso; consumo excesivo de alcohol, tabaquismo o sedentarismo. De hecho, la asociación desapareció en los participantes con un estilo de vida saludable.

   De todos los alimentos con proteínas animales, las carnes rojas procesadas y no procesadas –que incluyen tanto la carne de vacuno como los productos del cerdo– son las más dañinas.  

   La sustitución del 3% de las proteínas animales por calorías de proteína vegetal se relaciona con un menor riesgo de muerte por todas las causas. Las probabilidades disminuyen un 34% con la sustitución de la carne roja procesada, un 12% con la carne roja no procesada y un 19% con el reemplazo de los huevos.

   "La gente debe considerar comer más proteínas vegetales que proteínas de origen animal, y entre las animales, las de pescado y pollo son probablemente la mejor opción”, afirma Song. Según los investigadores, el estudio ayuda a que las recomendaciones en salud pública se centren ahora en difundir las fuentes de proteínas más saludables. 

miércoles, 15 de junio de 2016

La alteración de la microbiota intestinal provoca obesidad.

   Una investigación en ratones demuestra que el acetato estimula las células beta para secretar más insulina, gastrina y grelina, lo que conduce a una mayor ingesta de alimentos.



   La obesidad está vinculada a los cambios en nuestros microbios intestinales --los miles de millones de pequeños organismos que habitan en nuestro intestino--, pero no está claro el mecanismo. En un estudio publicado en Nature, un equipo de investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, ha identificado cómo una microbiota intestinal alterada causa obesidad.

   En un estudio anterior, Gerald I. Shulman, profesor de Medicina, observó que el acetato, un ácido graso de cadena corta, estimula la secreción de insulina en roedores. Para obtener más información sobre el papel del acetato, Shulman, quien también es investigador del Instituto Médico Howard Hughes, y un equipo de investigadores de Yale realizó una serie de experimentos en modelos de roedores de la obesidad.

   El equipo de investigación comparó el acetato con otros ácidos grasos de cadena corta y encontró niveles más altos de acetato en los animales que consumieron una dieta alta en grasa. También vieron que las infusiones de acetato estimularon la secreción de insulina por las células beta en el páncreas, pero no estaba claro cómo.

   A continuación, los científicos determinaron que cuando se inyecta el acetato directamente en el cerebro, se provoca un aumento de insulina mediante la activación del sistema nervioso parasimpático. "El acetato estimula las células beta para secretar más insulina en respuesta a la glucosa a través de un mecanismo que media centralmente -dice Shulman-. También estimula la secreción de las hormonas gastrina y grelina, que conducen a un aumento de la ingesta de alimentos".

   Por último, el equipo de investigación buscó establecer una relación causal entre la microbiota intestinal y el aumento de la insulina. Tras la transferencia de materia fecal de un grupo de roedores a otro, se observaron cambios similares en la microbiota intestinal, los niveles de acetato y la insulina.

   "En conjunto, estos experimentos demuestran una relación causal entre las alteraciones en la microbiota intestinal en respuesta a los cambios en la dieta y el aumento de la producción de acetato", afirma Shulman. El aumento de acetato, a su vez, conduce a un incremento de la ingesta de alimentos, lo que desencadenó un ciclo de retroalimentación positiva que impulsa la obesidad y la resistencia a la insulina, explica.

   Los autores del trabajo sugieren que este bucle de retroalimentación positiva puede haber tenido un papel importante en la evolución, al hacer que los animales engorden cuando encontraron alimentos altos en calorías en tiempos de escasez de alimentos.

   "Las alteraciones en la microbiota intestinal se asocian con la obesidad y el síndrome metabólico en los seres humanos y roedores --señala Shulman--. En este estudio, se proporciona un nuevo mecanismo para explicar este fenómeno biológico en los roedores, y ahora estamos examinando si este mecanismo se traduce en los seres humanos".

jueves, 24 de septiembre de 2015

Una cepa de bifidobacterias induce una respuesta antiinflamatoria en células intestinales.

Se trata de la 'B. animalis subsp. lactis', la más utilizada en el campo de los lácteos con probióticos, y que produce un polisacárido que protege frente a los ácidos estomacales y las altas concentraciones de sales biliares del duodeno.


   Un estudio internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha concluido que una cepa de bifidobacterias utilizada en lácteos con probióticos induce una respuesta antiinflamatoria en células intestinales que podría aliviar algunas patologías que afectan al intestino.

   La bifidobacteria utilizada, conocida como 'B. animalis subsp. lactis', es la más utilizada en el campo de los alimentos funcionales lácteos con probióticos y, según se ha visto, produce un polisacárido de gran tamaño que protege frente a los ácidos estomacales y las altas concentraciones de sales biliares del duodeno. El hallazgo aparece publicado en la revista Applied and Enviromental Microbiology.

   "Utilizando herramientas genéticas, hemos visto que cepas de 'B. animalis' son capaces de producir exopolisacáridos capaces de atenuar la respuesta inmune de distintas células humanas", ha explicado Patricia Ruas-Madiedo, investigadora del CISC en el Instituto de Productos Lácteos de Asturias.

   Los resultados aún están en fase 'in vitro', pero en un futuro podrían aplicarse al desarrollo de alimentos funcionales y suplementos alimentarios que ayuden al tratamiento de enfermedades intestinales. No obstante, "en ningún caso el alimento funcional sustituiría al tratamiento con medicamentos, pero podría ayudar a disminuir la inflamación", defiende la autora.

   Los exopolisacáridos son polímeros de carbohidratos que están presentes en algunas bacterias. Confieren protección frente a condiciones adversas y pueden favorecer la colonización por parte de esas bacterias de su hábitat natural.

   Estos polímeros protegen, asimismo, frente al ácido del estómago y las altas concentraciones de sales biliares presentes en el duodeno y facilitan que las bifidobacterias perduren en el intestino grueso.

   Estudios previos sugerían que esta bifidobacteria se puede incluir de forma satisfactoria en productos lácteos fermentados puesto que se mantiene viable y, además, las cepas productoras de exopolisacáridos confieren propiedades sensoriales adecuadas en los alimentos.

   Por ello, "el siguiente paso en nuestra investigación es la realización de estudios experimentales in vivo que permitan demostrar la eficacia de estas cepas para aliviar los síntomas de la inflamación intestinal", añade Ruas-Madiedo.









miércoles, 16 de septiembre de 2015

Constatan la alta prevalencia de malos hábitos en el desayuno en ingresados por infarto o angina.

Un estudio muestra que la omisión del desayuno en pacientes con SCA es superior al 10-18% de la población general.


   Son varios los estudios que demuestran que las personas que no desayunan tienen una incidencia de infarto de hasta un 27% superior con respecto a aquellas que sí desayunan. Hasta ahora se desconocían los hábitos del desayuno en los pacientes con enfermedad cardiovascular; sin embargo, un estudio publicado en el último número de Revista Española de Cardiología (REC) afirma que casi la mitad de los pacientes ingresados por síndrome coronario agudo (SCA), es decir, infarto o angina inestable, desayuna incorrectamente.

   El Dr. Alberto Cordero, miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y cardiólogo de la Unidad de Hemodinámica del Hospital de San Juan, Alicante, explica que, “hasta el momento se habían llevado a cabo estudios que evidencian malos hábitos alimentarios en la población española y a través de estudios poblacionales se sabe que entre un 10% y un 18% de la población no desayuna. Sin embargo, esta investigación ha acotado la muestra de análisis y ha estudiado cómo es el desayuno de los pacientes que ingresan por infarto en los hospitales y la incidencia directa que el desayuno tiene en el sistema cardiovascular”.


La investigación, llevada a cabo entre el Hospital de San Juan, Alicante, y el Hospital General de Valencia, analizó por primera vez los hábitos alimentarios en el desayuno de 181 pacientes con SCA mediante diez preguntas, cinco de las cuales giraron en torno al grado de adherencia a la dieta mediterránea –considerada la más beneficiosa para el sistema cardiovascular-, así como el estilo de vida y la alimentación saludable:

-Consumo habitual de frutos secos
-Consumo mínimo de dos piezas de fruta al día
-Consumo mínimo de verdura tres veces a la semana
-Consumo de pescado dos veces por semana
-Realizar un mínimo de 30 minutos de ejercicio físico al menos tres veces a la semana

   Tras estas preguntas los expertos observaron que 44 pacientes admiten no desayunar habitualmente y 60 toman solo líquido. Además, sumando estos dos grupos, se observó que un 42% presenta un patrón dietético incorrecto y que esto se asocia a más sedentarismo, mayor prevalencia de tabaquismo y más frecuentemente síndrome coronario agudo con elevación del segmento ST, que hace referencia al conocido como infarto agudo de miocardio clásico. “El estudio ha permitido conocer que la omisión del desayuno en los pacientes ingresados por infarto o angina es mucho más amplia que en el caso de la población general. Así, se ha evidenciado que los pacientes que no desayunan o que desayunan incorrectamente son más fumadores, tienen peores hábitos de vida –ya que son más sedentarios-, y presentan un patrón alimentario más alejado de la dieta mediterránea porque pican más entre horas, consumen más grasas y menos pescado”, concreta el experto, quien prosigue que, “además nuestros resultados coinciden con lo ya conocido de que las personas que fuman tienen hábitos nutricionales mucho menos favorables”.

   El desayuno forma parte de los ciclos circadianos del organismo, es decir, un ciclo biológico que abarca las 24h del día, dentro del cual se segmentan las horas de sueño (8h) y las de vigilia (16h). “Cuando nos levantamos, el cuerpo se pone en marcha, se activan los ciclos de cortisol –responsables del aumento de la presión arterial y de los niveles de azúcar por la mañana-, y es el momento en el que hay que subministrarle al cuerpo sus necesidades, idealmente tras la primera media hora. Solo por el hecho de activarnos y de ponernos en pie ya se ponen en marcha estos ciclos circadianos, y el desayuno forma parte de ellos. Cuando no desayunamos retardamos el periodo de saciedad y no proporcionamos la ingesta calórica que el cuerpo necesita para su correcto funcionamiento, de modo que alteramos el ciclo biológico marcado por el propio organismo”, matiza el doctor.

   La omisión del desayuno provoca que el cuerpo active otras vías metabólicas y recurra a otras reservas de energía no adecuadas, liberando ácidos grasos depositados en el hígado y en los músculos. Así, y según cuenta el Dr. Cordero, “el hecho de no desayunar hace que el cuerpo no segregue suficiente insulina –la hormona responsable de reducir los niveles de azúcar en sangre-. Además, los ácidos grasos circulan libremente por la sangre y, aunque suplen de manera temporal la falta de energía proporcionada por la ingesta de nutrientes, son altamente tóxicos para la pared vascular y están relacionados con la aparición de diabetes, cuyo riesgo se puede llegar a triplicar si no se desayuna”.

   Los resultados de este estudio han llevado a la SEC a resaltar la necesidad de desayunar correctamente cada día. El desayuno es una de las principales ingestas del día, ya que está precedida del período más largo de ayuno y reposo, y se considera la comida que más potencia la saciedad. “Tras este periodo de descanso, el cuerpo está más preparado para absorber mayor cantidad de nutrientes. Por ello, y viendo los malos hábitos de los pacientes analizados en este estudio, es muy importante incidir en la educación de la población, tanto en los que presentan problemas cardiovasculares como los que no, para que adquieran el hábito de sentarse diez minutos cada día para desayunar”, explica el doctor.


El desayuno ideal no debe contener sólo líquido (café o té) sino que debe estar acompañado de alimentos sólidos. Así, se considera un buen desayuno aquel que contiene los aportes nutricionales necesarios para el organismo tales como:

Proteínas e hidratos de carbono de absorción rápida: pan, tostadas, cereales o galletas integrales
Lácteos: leche, café con leche o yogurt (se pueden sustituir los lácteos por té)
Vitaminas: consumo de frutos secos y frutas -ya sea en forma de zumo o fruta fresca-.
Fibra: pan integral, cereales y fruta










miércoles, 9 de septiembre de 2015

La reducción de la ingesta de bebidas azucaradas por los niños, asociada a cambios beneficiosos en el colesterol.

Un estudio muestra que los niños que disminuyeron el consumo de este producto registraron un mayor aumento de HDL que aquellos cuya ingesta permaneció igual o aumentó.


   Un estudio para investigar los niveles de lípidos en sangre en asociación con el consumo de bebidas endulzadas con azúcar (SSB, por sus siglas en inglés) en una muestra racial y étnicamente diversa de escolares del área de Boston, Estados Unidos, ha desvelado que hay una asociación inversa entre los cambios en la ingesta de SSB y el aumento del colesterol HDL. El mismo trabajo también ha determinado que una mayor ingesta de bebidas azucaradas se asocia con una concentración superior de triglicéridos.

   En particular, los científicos encontraron que la reducción de la ingesta de SSB de por lo menos una ración por semana se relacionó con un mayor incremento en el HDL-C durante un periodo de un año. Los hallazgos, publicados en The Journal of Nutrition,refuerzan la importancia de minimizar el consumo de bebidas azucaradas entre los niños y adolescentes.

   "Una agrupación de factores de riesgo, incluyendo niveles altos de triglicéridos, HDL-C, resistencia a la insulina y obesidad, sobre todo si comienza en la infancia, ponen a una persona en mayor riesgo de enfermedad cardiovascular en el uturo. En este estudio, hemos tratado de comprender mejor la relación entre los niveles de lípidos y el consumo de SSB en una población escolar en con probables disparidades de salud y donde las intervenciones futuras podrían ayudar a mejorar la calidad de la dieta y el riesgo de la enfermedad", apunta María Van Rompay, primera autora del estudio e investigadora asociada y profesora en la Escuela Friedman de Nutrición y Ciencias Políticas en la Universidad de Tufts, en Massachusetts, Estados Unidos.

   Aunque investigaciones anteriores han relacionado la ingesta de bebidas azucaradas a un mayor riesgo cardiometabólico en los adultos, existe escasa evidencia longitudinal en los niños. Para añadir más sabiduría sobre el fenómeno en los niños, los expertos examinaron las características asociadas con el consumo de bebidas azucaradas en una muestra multiétnica de niños y adolescentes, así como la ingesta media de SSB y los cambios en la ingesta de SSB con respecto a los factores de riesgo clave --HDL-C en plasma y triglicéridos_durante más de 12 meses.

   El impacto de SSBs sobre la obesidad y otros factores de riesgo en niños, incluyendo la dislipidemia (por ejemplo, un alto nivel de triglicéridos y bajos niveles de HDL-C en la sangre) ha sido objeto de estudios observacionales y descriptivos anteriores. Además, las SSBs han sido la principal fuente de azúcares añadidos en la dieta de los niños en Estados Unidos, suponiendo hasta un 10% de la ingesta total de energía (118 kcal en los niños de entre 6 a 11 años de edad y 225 kcal para los de 12 a 19 años de edad) en 2.010.

   En el nuevo trabajo, se inscribió a niños de 8 a 15 años en un ensayo aleatorizado doble ciego de suplementación con vitamina D, el 'Daily D Health Study', dirigido por Jennifer Sacheck, profesora asociada de la Escuela Friedman de Nutrición y Ciencias Políticas en la Universidad de Tufts. La línea de base de la ingesta de SSB era la percepción subjetiva mediante el 'Block Food Frequency Questionnaire for Children' y se tomaron las concentraciones de lípidos en sangre en ayunas en 613 niños y adolescentes.



   Se tomaron medidas longitudinales durante más de 12 meses en 380 de estos jóvenes. El 68 por ciento de los niños eran de hogares con nivel socioeconómico (SES) bajo; casi la mitad tenían sobrepeso u obesidad; el 59% era de grupos no raciales/étnicos blancos/caucásicos. Al inicio del estudio, aproximadamente el 85 por ciento de los niños/adolescentes dijo haber consumido SSBs durante la semana pasada. El 18% de la muestra consumía 7 o más porciones por semana o aproximadamente una porción o más diariamente.

   Un mayor consumo de SSB se asoció con la edad avanzada, la pubertad tardía o el estado posterior a la pubertad y SES más bajo. La ingesta de SSB no difirió entre los grupos raciales y étnicos. Entre los 613 niños/adolescentes al inicio del estudio, los triglicéridos altos estaban relacionados con una mayor ingesta de SSB, tras tener en cuenta los factores demográficos y de comportamiento, el índice de masa corporal, las calorías totales y las medidas de calidad de la dieta.

   Durante el periodo de 12 meses, la media de consumo de SSB no se vinculó con cambios en los lípidos; sin embargo, el aumento en el HDL-C fue mayor entre los niños que disminuyeron su consumo una o más de 12 onzas de porciones de SSB por semana en comparación con aquellos cuya ingesta permaneció igual o aumentó.

   Una mayor ingesta de SSB se vinculó con una menor SES, un mayor consumo total de calorías, una ingesta de frutas/verduras más baja y un estilo de vida más sedentario. Los investigadores señalan que la ausencia de una asociación entre la ingesta de SSB y cambios en los lípidos a lo largo de 12 meses puede ser debido a un error de medición, por ejemplo, la posible clasificación errónea de la ingesta de SSB o un subregistro de SSB especialmente de los niños que tenían sobrepeso u obesidad.

   "Es importante destacar que no sólo la mayoría de SSB tienen alto contenido de azúcar y carecen de valor nutricional, sino que están desplazando a otros alimentos y bebidas que ofrecen alta calidad nutricional, que son fundamentales para el crecimiento y desarrollo de los niños, lo que agrava aún más el potencial efecto nocivo para la salud de SSB", advierte la autorar principal, Jennifer Sacheck.





lunes, 7 de septiembre de 2015

Beber medio litro de agua antes de cada comida puede ayudar en la reducción de peso.

Un estudio muestra que los individuos que tomaron agua antes de las tres comidas principales perdieron de media 4,3 kg a lo largo de 12 semanas, mientras que aquellos que sólo lo hicieron en una comida o nunca, sólo perdieron 0,8 kg.



   Investigadores de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, han demostrado que beber medio litro de agua una media hora antes de las comidas principales puede ayudar a los adultos obesos a perder peso.

   La investigación, que ha sido publicada en la revista Obesity, vendría a demostrar que esta simple intervención podría ser muy beneficiosa a la hora de realizar dietas de adelgazamiento, además de una medida que puede ser fácilmente promovida entre los profesionales sanitarios a través de campañas públicas.

   Para el estudio se reclutaron adultos obesos, que fueron monitorizados durante 12 semanas. Los participantes se dividieron en dos grupos: 41 de ellos debían beber agua antes de las tres comidas principales, y a 43 de ellos se les pidió que imaginaran, antes de comer, que tenían el estómago lleno. Los que tomaron agua antes de las tres comidas principales perdieron de media 4,3 kg durante las 12 semanas que duró el estudio, mientras que aquellos que sólo lo hicieron en una comida, o prácticamente nunca, sólo perdieron un promedio de 0,8 kg.

   "Lo bonito de estos hallazgos está en la simplicidad. Sólo beber medio litro de agua, tres veces al día, antes de las comidas principales puede ayudar a reducir su peso", ha señalado la doctora Helen Parretti, profesora en la Universidad de Birmingham.





miércoles, 12 de agosto de 2015

Los carbohidratos refinados aumentan el riesgo de depresión en mujeres posmenopáusicas.

Alimentos como el pan blanco o el arroz blanco desencadenan una respuesta hormonal que reduce los niveles de azúcar en la sangre y que, además, puede causar o exacerbar los cambios de humor.


   Una dieta alta en carbohidratos refinados aumenta el riesgo de depresión en mujeres posmenopáusicas, según ha mostrado una investigación realizada por expertos de la Columbia University Medical Center, Estados Unidos, y que ha sido publicada en el American Journal of Clinical Nutrition.

   Para llegar a esta conclusión, los expertos analizaron el índice glucémico de la dieta, la carga glucémica, los tipos de carbohidratos consumidos y los casos de depresión en una muestra de más de 70.000 mujeres posmenopáusicas que acudieron entre 1994 y 1998 a los Institutos Nacionales de la Iniciativa de Salud Estudio de Observación de la Mujer de la Salud entre 1994 y 1998.

   El consumo de hidratos de carbono aumenta los niveles de azúcar en la sangre en diversos grados, dependiendo del tipo de alimento ingerido, y, cuando más refinados sean, mayor es la puntuación del el índice glucémico (IG) escala.

   Los alimentos refinados como el pan blanco, arroz blanco, y soda desencadenan una respuesta hormonal en el cuerpo que reduce los niveles de azúcar en la sangre y que, además, puede causar o exacerbar los cambios de humor, fatiga y otros síntomas de la depresión.

   En este sentido, los científicos han descubierto que el consumo excesivo de estos productos está asociado a un mayor riesgo de depresión en el colectivo de mujeres analizado. Por ello, los autores han sugerido la posibilidad de que en el tratamiento y las medidas preventivas para la depresión se tengan en cuenta las intervenciones dietéticas.




jueves, 6 de agosto de 2015

El consumo regular de alimentos picantes podría estar vinculado a un menor riesgo de muerte.

En un estudio, los participantes que comieron alimentos picantes casi cada día presentaron un riesgo relativo de muerte un 14% menor que aquellos que los consumían menos de una vez a la semana.



   El consumo habitual de alimentos picantes, incluso todos los días de la semana, podría estar relacionado con un menor riesgo de muerte, según un estudio observacional sin conclusiones definitivas pero cuyos autores recomiendan que se investigue más porque estos resultados podrían "dar lugar a recomendaciones e, incluso, al desarrollo de alimentos funcionales".

   Investigaciones anteriores ya habían sugerido efectos beneficiosos de las especias y su ingrediente bioactivo, la capsaicina, como combatir obesidad, antioxidante, antiinflamatorio y propiedades contra el cáncer.

   Por ello, un equipo internacional liderado por investigadores de la Academia China de Ciencias Médicas ha examinado la asociación entre el consumo de alimentos picantes como parte de una dieta diaria y el riesgo total y las causas de la muerte.

   Los investigadores realizaron un estudio prospectivo sobre 487.375 participantes de entre 30 y 79 años inscritos en el China Kadoorie Biobank entre 2004 y 2008. Todos completaron un cuestionario sobre su salud en general, sus mediciones físicas y su consumo de alimentos picantes, carne roja, vegetales y alcohol.

   Los participantes con un historial de cáncer, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular fueron excluidos del estudio, y se tuvieron en cuenta factores como la edad, estado civil, nivel de educación y actividad física. Durante una mediana de seguimiento de 7,2 años, se registraron 20.224 muertes.

   En comparación con los participantes que comieron alimentos picantes menos de una vez a la semana, los que los consumieron 1 o 2 días a la semana registraron un 10% menor riesgo de muerte, mientras los que los tomaron entre 3 y 5 días o los que los comieron 6 o 7 días a la semana tenían un 14% menor riesgo de muerte.

   En otras palabras, los participantes que comieron alimentos picantes casi cada día tenían un riesgo relativo de muerte un 14% menor que aquellos que los consumían menos de una vez a la semana. La asociación fue similar en hombres y mujeres, y fue más fuerte en aquellos que no consumen alcohol.

   El consumo frecuente de alimentos picantes también estaba relacionado con un menor riesgo de muerte por cáncer y cardiopatía isquémica y con enfermedades del sistema respiratorio, y esto fue más evidente en las mujeres que en los hombres.

   Los chiles frescos y secos eran las especias más utilizadas en los que reportaron comer alimentos picantes semanalmente, y su posterior análisis mostró los que consumieron guindilla fresca tienden a tener un menor riesgo de muerte por cáncer, la cardiopatía isquémica y la diabetes.

   Algunos de los ingredientes bioactivos de estos alimentos son los que producen este efecto, según explican los autores. El chile dulce es más rico en capsaicina, vitamina C y otros nutrientes. Pero advierten contra la vinculación de cualquiera de estos con la reducción del riesgo de muerte.

   Ante estos resultados, en un editorial adjunto, Nita Forouhi, de la Universidad de Cambridge, se pregunta si la gente debería comer comida picante para mejorar la salud. A su juicio, es demasiado pronto para afirmarlo, pero pide más investigación para probar si estas asociaciones son el resultado directo de la ingesta de alimentos picantes o si se trata de un marcador de otros factores de la dieta o estilo de vida.



miércoles, 15 de julio de 2015

Asocian la respuesta cerebral de los niños a la comida con su composición corporal.


Los niños con mayor porcentaje de grasa corporal presentan una menor actividad en una determinada área del cerebro cuando ven imágenes de alimentos sanos bajos en calorías.


   Un estudio para el que se ha empleado tecnología de imágenes cerebrales, ha identificado un patrón de respuesta cerebral en los niños que podría suponer un primer paso a la obesidad infantil. En el trabajo, realizado por Nicole Fearnbach, estudiante graduado en el Departamento de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Penn State, Estados Unidos, se escaneó la actividad cerebral de los niños mientras veían imágenes de alimentos altos y bajos en calorías y se detectó que la delgadez y la gordura están vinculados a cómo los cerebros de los niños responden a la alimentación.

   Los investigadores, cuyo trabajo se presenta esta semana en la reunión anual de la Sociedad para el Estudio del Comportamiento Alimenticio (SSIB, por sus siglas en inglés), se centraron en una región del cerebro llamada sustancia negra, implicada en la recompensa, el aprendizaje y el control motor, que responde a los estímulos alimentarios. Fearnbach y sus colegas descubrieron que la activación neuronal en esta área del cerebro difería en niños según el peso.

   Los niños con mayor peso corporal magro tenían una respuesta más potente del cerebro en la sustancia negra cuando veían los alimentos ricos en calorías en comparación con los niños con menor peso corporal magro. El estudio también encontró que los niños con mayor grasa corporal tenían menor actividad en esta misma área del cerebro cuando vieron imágenes de alimentos sanos bajos en calorías, como frutas, verduras y pollo a la parrilla.

   "Creemos que los niños con peso corporal magro podrían tener una mayor respuesta de recompensa a los alimentos altos en calorías, en parte debido a que tienen mayores necesidades de energía en comparación con los niños con el peso corporal menos magro. El peso corporal magro determina en gran medida la cantidad de calorías que quemamos cada día a través de nuestra tasa metabólica en reposo. Los niños más grandes queman más calorías y nuestros resultados muestran que sus cerebros responden de manera diferente a los alimentos", explica Fearnbach.

   "Curiosamente, también encontramos que los niños con más grasa corporal tenían una respuesta cerebral reducida a los alimentos con pocas calorías, que tienden a ser las opciones más saludables --añade Fearnbach--. Podría ser que los niños con mayor grasa corporal encuentran que los alimentos más saludables son menos gratificantes. Pero no sabemos aún si tener más grasa corporal es una causa o una consecuencia de estas respuestas cerebrales".

   Los resultados de este estudio sugieren que la composición corporal de los niños puede influir en cómo el cerebro responde a los alimentos, pero depende probablemente de si estos alimentos son altos o bajos en calorías. Se necesitan futuros estudios de investigación para determinar cómo estos hallazgos se relacionan con la ingesta de alimentos de los niños o su peso corporal en el tiempo.

   El estudio involucró a 38 niños de 7 a 10 años y sus padres, con cada familia participando en cinco visitas totales al laboratorio. La composición corporal de los niños se midió para obtener el peso corporal magro y la grasa corporal. También se realizó una exploración de los niños mediante imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) mientras veían las fotos de alimentos que diferían en el contenido de energía y los autores determinaron la respuesta del cerebro de cada niño a estas diferentes categorías de alimentos y miraron cómo estaba influenciada por su composición corporal.



miércoles, 1 de julio de 2015

Un nivel bajo de vitamina D en niños incrementa el riesgo cardiovascular.

Un estudio realizado en 10 colegios españoles revela que los niños con los niveles más bajos de esta vitamina tienen más alta la tensión y los triglicéridos.


   Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) han analizado la presencia de vitamina D en 314 escolares españoles y han llegado a la conclusión de que los niños con niveles más bajos presentan niveles más elevados de tensión arterial y triglicéridos séricos. “Estos menores podrían tener mayor riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular o síndrome metabólico en el futuro”, alerta Ana María López-Sobaler, investigadora de la facultad de Farmacia de la UCM y autora principal de la investigación.

   El 35% de los escolares presentó valores inferiores a 20 nanogramos por mililitro de vitamina D en suero, lo que indica una deficiencia entre moderada y severa, y casi la mitad, el 47,1%, registró carencias, aunque menos agudas. “Sólo el 17% tiene niveles que podemos considerar adecuados, superiores a 30 nanogramos por mililitro”, destaca la autora.

   Las fuentes del compuesto son los alimentos y la propia síntesis que hace el organismo por acción de la luz solar, pero la exposición al sol no es suficiente para mantener niveles adecuados de la vitamina. “Aunque España es un país soleado, la latitud no es la óptima y en los meses de invierno la inclinación de la Tierra no es la más favorable para la síntesis de esta vitamina”, explica la investigadora. Incluso en los meses de verano, los valores siguen siendo insuficientes.


Mejoras en la dieta


   El estudio, publicado en Nutrición Hospitalaria, se ha realizado en 10 colegios públicos de A Coruña, Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia. Para la elección de las ciudades se tuvieron en cuenta sus latitudes y niveles de exposición solar. Los expertos extrajeron muestras de sangre de los escolares, de entre 8 y 13 años, para determinar los niveles de vitamina D en suero, glucosa sérica y triglicéridos, entre otros parámetros. También se midió su talla, peso e índice de masa corporal.

   “Los niveles de vitamina D sérica observados en este colectivo son similares a los encontrados en otros escolares españoles y de otros países. Confirman que la deficiencia en vitamina D es un problema prevalente en niños y adolescentes”, subrayan la autora. Este compuesto se encuentra sobre todo en los pescados azules, en la yema del huevo y en los lácteos. Los expertos achacan gran parte de las carencias presentadas por los menores a una dieta incorrecta de estos alimentos.

   “Mi recomendación es analizar por qué se registra ese déficit y ver si es suficiente con una mejora en los hábitos de alimentación, con consumo de pescado azul dos o veces a la semana y más lácteos”, apunta la científica. Si a pesar de cambiar la alimentación sigue habiendo un desequilibrio, podría considerarse que el niño tomara un suplemento vitamínico, siempre pautado por un profesional sanitario, recomienda la experta. En la investigación también han participado la Universidad Alfonso X El Sabio y la Universidad Nacional de Tucumán, México.




viernes, 19 de junio de 2015

Las raíces, tallos y hojas de las fresas silvestres son fuente de nutrientes.

Un estudio en el que participa la Universidad Complutense de Madrid, revela que las partes vegetativas de este fruto tienen propiedades nutritivas.


   Las fresas silvestres, que crecen en bosques y pendientes de zonas montañosas, resultan beneficiosas para la salud por sus propiedades diuréticas y astringentes. Eso incluye tanto al fruto como a sus raíces y partes vegetativas aéreas (tallos y hojas). 


   Investigadoras del grupo ALIMNOVA de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), junto a científicos portugueses de la Universidad de Oporto y del grupo BioChemCore del Instituto Politécnico de Bragança (liderado por Isabel C.F.R. Ferreira), han descubierto que estos elementos también tienen propiedades nutritivas. 



   “Hasta ahora no existía ningún estudio nutricional relativo a las partes vegetativas de esta planta, y tampoco había datos sobre la composición en cuanto a nutrientes y compuestos bioactivos de sus infusiones y decocciones”, explica Patricia Morales, profesora del departamento de Nutrición y Bromatología II de la UCM y coautora del trabajo, que se ha publicado en la revista LWT – Food Science and Technology.



   El análisis de muestras silvestres –recogidas en Serra da Nogueira, en Portugal– y de fresas comerciales reveló que, además de cualidades nutritivas, las raíces, tallos y hojas también tienen propiedades antioxidantes, al ser ricas en vitamina E, C y otros ácidos orgánicos.



   “Sería interesante realizar un estudio más pormenorizado, pero los resultados preliminares indican que las raíces silvestres aportan más cantidad de azúcares, ácidos grasos poliinsaturados, vitamina B9 y E en comparación con las comerciales”, afirma Morales. 



Dosis recomendada por la UE 



   Además de la planta, las investigadoras estudiaron infusiones y decocciones preparadas con las muestras. Las infusiones se hicieron en agua destilada hirviendo, en la que se introdujo un gramo de cada ejemplar, dejándola reposar cinco minutos. En las decocciones se sumergieron las plantas desde el principio, llevando el agua a ebullición durante cinco minutos y dejándola enfriar el mismo tiempo. 



   Estas fresas abundan en Europa y en países como Canadá, Estados Unidos, Corea y Japón. El Parlamento Europeo ha recomendado un consumo diario de 200 microgramos al día de vitamina B9 (ácido fólico y folatos), presente en las partes vegetativas, sobre todo en las raíces.



   “Según los resultados obtenidos, 100 mililitros al día de la infusión de estos elementos de la planta podrían contribuir de forma apreciable a la ingesta diaria de nutrientes, como es el caso de los folatos”, destaca Morales. 



   Los análisis detectaron que las muestras silvestres destacaron en cuanto a sus contenidos de minerales, calcio, magnesio, hierro y manganeso, frente al potasio, cinc y cobre de las comerciales. “Cualquiera de las dos pueden ser consideradas como fuentes de nutrientes y de compuestos bioactivos con importancia fisiológica y nutricional”, apuntan las investigadoras.







miércoles, 17 de junio de 2015

Algunos antioxidantes se muestran eficaces frente al dolor de agujetas.

Un estudio analiza las principales bases de datos sobre esta clase de suplementos, que, en los últimos años, han cobrado popularidad para contrarrestar los efectos de los radicales libres y los síntomas del daño muscular.


   Investigadores del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León (Ibiomed), de la Universidad Autónoma de Chihuahua, México, y de la Universidad de Viçosa, Brasil, han realizado una revisión sistemática de la literatura científica para conocer los efectos de los suplementos antioxidantes en la disminución del dolor muscular tardío (DMT), lo que se conoce comúnmente como agujetas.

   En un artículo publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, Ramón Candia Luján, José Antonio de Paz y Osvaldo Costa Moreira realizan un rastreo bibliográfico en las principales bases de datos científicas en torno a los suplementos antioxidantes que, en los últimos años, han cobrado popularidad para contrarrestar los efectos de los radicales libres y los síntomas del daño muscular, entre los que se encuentra el DMT.

   El investigador de Ibiomed José Antonio de Paz explica en qué reside el interés por profundizar en esta línea. “Desde el año 2000 en Ibiomed trabajamos con pacientes con esclerosis múltiple, ancianos, personas con fibromialgia o insuficiencia renal, entre otros, para analizar cómo a través de la condición física podemos mejorar la calidad de vida y disminuir la discapacidad de estos pacientes”.

   En estos años de trabajo, los investigadores han comprobado que una de las cosas más importantes que hay que entrenar en las personas que tienen la salud comprometida es la fuerza muscular.

   “Es necesario incrementar la masa muscular y aumentar la fuerza. Hoy se considera al tejido muscular un órgano endocrino, y también tiene una función inmunitaria. Por ello el entrenamiento orientado a la fuerza no solo incrementa la calidad de vida por mejorar funcionalmente a las personas, sino que produce efectos biológicos, bioquímicos y hormonales beneficiosos”, subraya.

   Para incrementar la masa muscular y la fuerza es indispensable planificar un entrenamiento de fuerza. En este sentido, existen dos posibilidades, “una es el entrenamiento convencional que consiste en levantar pesos, que se llama concéntrico, y que requiere mucha energía porque para que tenga repercusión en el músculo la carga tiene que ser bastante grande”. Sin embargo, a menudo estos pacientes “no tienen suficiente energía como para levantar esa carga”.

   Existe otro tipo de entrenamiento que consiste en bajar cargas, denominado entrenamiento excéntrico. “Si subimos una montaña es trabajo concéntrico, básicamente, nos cuesta mucha energía y nos cansa mucho. Pero si la bajamos es trabajo excéntrico, y no nos cansa tanto ya que no necesitamos mucha energía, aunque sí tiene mucha repercusión en los músculos”. De hecho, este tipo de trabajo excéntrico produce DMT. “A nosotros nos duelen las piernas no cuando subimos una montaña, sino cuando la bajamos”, ilustra el investigador.

Entrenamiento de tipo excéntrico

   El equipo científico del Ibiomed trabaja en el entrenamiento de fuerza de tipo excéntrico, ya que para pacientes con esclerosis múltiple, ancianos, personas con fibromialgia o insuficiencia renal es el más viable, aunque inicialmente produce mucho dolor muscular.

  “Esa es la razón por la que decidimos estudiar qué había en las publicaciones científicas internacionales en cuanto al empleo de agentes antioxidantes para disminuir el dolor muscular producido por el ejercicio, lo que llamamos dolor muscular tardío o vulgarmente agujetas”, recuerda.

   Los investigadores encontraron 54 artículos científicos que trataban sobre el dolor muscular tardío y el empleo de sustancias antioxidantes. De esos 54 artículos, todos en inglés, consiguieron 48 a texto completo.

   De ellos, 17 se centraban en el efecto de la vitamina C y la vitamina E, 14 en el empleo de polifenoles, 11 abordaban el empleo de café y cacao y cuatro el consumo de bebidas comerciales. En resumen, “de los 17 artículos sobre vitamina C y E, siete se mostraron eficaces; de los 14 artículos sobre polifenoles, nueve fueron eficaces; de los 11 de café y cacao, nueve también lo fueron; y de las bebidas comerciales, solamente dos de cuatro fueron efectivos. De esta forma, los antioxidantes más eficaces parecen ser los polifenoles y el café y cacao”, detalla el investigador.

  Por otro lado, apunta, para que la administración de antioxidantes en la disminución del DMT sea eficaz, en general el tratamiento no se debe realizar solo tras el ejercicio, sino antes y después.

Colaboración internacional

   Entre los aspectos que están analizando en la actualidad los científicos se encuentra la cuantificación de la masa muscular o la hipertrofia, es decir, el resultado de los entrenamientos, para lo que emplean densitometrías, y están tratando perfeccionar la sensibilidad y la especificidad de ese método.

   Uno de los estudios que han llevado a cabo se centra en pacientes con esclerosis múltiple. Los participantes en este estudio han realizado entrenamiento excéntrico con los aparatos especializados con que cuenta la Universidad de León durante 14 semanas y los resultados de este entrenamiento se compararán con los de 80 pacientes de otras zonas de Castilla y León que se han ofrecido como sujetos controles a los que se ha aplicado un entrenamiento convencional.

   Los investigadores trabajan también el entrenamiento de fuerza con pacientes de cáncer de mama, en colaboración con un grupo científico de la Universidad de Sonora, México, y con otro grupo de Bogotá, Colombia. El objetivo es la ganancia de fuerza y de masa muscular en estas pacientes. En el pasado mes de agosto los investigadores recibieron un premio al trabajo realizado en Bogotá en el que lograron disminuir uno de los biomarcadores de esta enfermedad, como es el IGF 1 (factor de crecimiento insulínico tipo 1).







miércoles, 20 de mayo de 2015

Las dietas ricas en nueces ralentizan el crecimiento del cáncer colorrectal.

Un estudio en ratones muestra que el suplemento de este fruto seco favorecen la incorporación de ácidos grasos con efectos protectores en el epitelio intestinal.


   Seguir una dieta suplementada con nueces podría ralentizar el crecimiento de los tumores colorrectales, gracias a que produce cambios beneficiosos en los genes cancerígenos, según ha mostrado un estudio realizado por el Centro Médico Beth Isreal Deaconess de la Harvard Medical School, Estados Unidos, y publicado en Journal of Nutritional Biochemistry.

   La investigación, liderada por el Dr. Christos Mantzoros, es la primera que evalúa si el consumo de nueces puede inducir cambios en los micro ácidos ribonucleicos (miARN), los nucleótidos que están implicados en la alteración de la expresión genética y que, probablemente, influyan en la transcripción genética involucrada en los procesos antiinflamatorios, antivasculares y de antiproliferación de las células cancerígenas.

   "La investigación demuestra que una dieta con nueces causa cambios significativos en los perfiles de expresión de los miRNA en los tejidos del cáncer de colon e incorpora ácidos grasos protectores en los tumores de colon, ya sea a través de sus efectos directos o a través de los efectos aditivos o sinérgicos de los múltiples compuestos presentes en las nueces", ha explicado el Dr. Mantzoros.

   Asimismo, Mantzoros ha señalado que, aunque se necesitan estudios adicionales, los miRNAs podrían ser una potencial diana terapéutica en el tratamiento de este tipo de cáncer. Para realizar el trabajo, los investigadores analizaron a dos grupos de ratones inyectados con células de cáncer de colon. El primero fue alimentado con el equivalente a dos raciones al día de nueces (60 gramos), mientras que el segundo grupo recibió una dieta control similar pero sin nueces.

   Después de 25 días, los expertos descubrieron que en los tejidos tumorales de los ratones alimentados con nueces, se había producido un incremento de hasta 10 veces la cantidad total de ácidos grasos omega-3, incluyendo el ALA, un ácido graso esencial para diversos procesos del cuerpo conocido por reducir la inflamación.

   Finalmente, constataron la incorporación de ácidos grasos con efectos protectores en el epitelio intestinal de los ratones alimentos con nueces, lo que podría alterar los perfiles de expresión de los miARN.

miércoles, 25 de marzo de 2015

El consumo de 34 gramos de granos enteros de cereal al día reduce en un 17% el riesgo de muerte prematura.

Un estudio basado en los hábitos de consumo durante 14 años de 566.339 personas revela que una dieta rica en fibra de cereal reduce la mortalidad en patologías crónicas como cáncer, enfermedades cardiorrespiratorias o diabetes.


   Investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Boston, Estados Unidos, afirman como el consumo de fibras de cereal y granos enteros se asocia con un menor riesgo de muerte para patologías crónicas como cáncer, enfermedades cardiorrespiratorias o diabetes, que varía según la dolencia. 

   El trabajo, cuyos resultados se publican en BMC Medicine, apunta que el consumo de una media de 34 gramos de granos enteros de cereal al día –toda la semilla de una planta comestible formada por el germen, el salvado y la espora de cereales como el trigo, la avena y quinua– se asocia con una reducción del 17% del riesgo de muerte prematura, en comparación con las personas que consumen un promedio 3,98 gramos.

   Los granos de cereal completos son una fuente rica de fibra dietética y otros nutrientes como minerales y antioxidantes. Asimismo, la ingesta media de 10,22 gramos al día de fibras de cereal se asocia con una reducción del 19% de riesgo de muerte prematura en comparación con aquellos que consumen una media de 2,02 gramos al día. 

   Para Lu Qi, director del estudio, estos hallazgos “deben motivar ensayos clínicos y estudios experimentales que den mayor testimonio sobre los efectos beneficiosos para la salud de los granos enteros y sus posibles compuestos eficaces como la fibra y otros nutrientes. El objetivo último es explorar los efectos metabólicos de estos componentes".

   Es más, los científicos de Harvard encontraron que, incluso cuando se tuvieron en cuenta factores como el estado de salud, la actividad física y el grado de obesidad de los participantes, el porcentaje de riesgo de muerte prematura se reducía de forma similar.

   Los investigadores analizaron los resultados del Estudio de Dieta y Salud NIH-AARP, que analizó los hábitos de consumo durante 14 años de 566.339 personas con una edad de 50 años en adelante, procedentes de diversos estados norteamericanos.



Necesidad de más estudios

   Al desglosar los resultados por tipo de patología, los datos revelan que el consumo elevado de cereales integrales se asocia con un 11% y un 48% de menor riesgo de muerte por enfermedades respiratorias y diabetes, respectivamente. Además, la mortalidad relacionada con la ingesta de fibras disminuye un 15% y 34% el riesgo de cáncer y diabetes, respectivamente.

   Para los autores, al tratarse de un estudio observacional no es posible confirmar que los granos enteros y las fibras por sí solas provoquen esta reducción del riesgo. “La fibra de cereales, presente en los granos completos, puede tener efectos beneficiosos para la salud gracias a sus propiedades antiinflamatorias, entre otras. Sin embargo, se necesitará más investigación para confirmar si este hecho es el causante de la buena salud de los sujetos analizados”, concluyen.





jueves, 12 de marzo de 2015

Una dieta rica en legumbres reduce en un 14% la probabilidad de infarto de miocardio y angina de pecho.

Así lo indica un metaanálisis que también avala los beneficios del consumo de frutos secos tras estudiar a más de 500.000 personas de América, Europa y Asia.

   Cuatro raciones semanales de 100 gramos de legumbres reducen en un 14% del riesgo de sufrir cardiopatía isquémica (infarto o angina de pecho). Así lo indica el metaanálisis en el que se estudian los resultados de un total de 27 trabajos realizados en tres continentes distintos (América, Europa y Asia) y que suman 501.791 participantes. El análisis también concluye que el consumo de frutos secos (cuatro raciones de 28 gramos a la semana) se asocia a una reducción del 24% del riesgo de morir por cardiopatía isquémica, a una reducción del 22% del riesgo de sufrir cardiopatía isquémica y a una reducción del 13% del riesgo de sufrir diabetes. Los resultados se publican en American Journal of Clinical Nutrition.

   Otro metaanálisis publicado en Canadian Medical Association Journal establece que la ingesta de legumbres reduce significativamente los niveles de colesterol LDL y, por consiguiente, el riesgo cardiovascular. El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Toronto, analiza los principales hallazgos de 26 estudios en los que se evalúan los efectos de una dieta rica en legumbres. Tras la valoración de los resultados, concluye que aquellas personas que comen legumbres una vez al día (130g/día) durante una media de 6 semanas, reducen significativamente los niveles de colesterol LDL en 0,17mmol/L (un 5% respecto al punto de partida).


   Además, se observa que la reducción de colesterol es mayor en aquellos estudios en los que se incluyen más hombres. Los investigadores afirman que los hombres suelen responder mejor a esta dieta, ya que suelen tener niveles de colesterol más elevados que las mujeres pre y post-menopaúsicas y, además, tienden a llevar dietas menos saludables.

   “Por definición, una dieta sana debe tener un porcentaje alto de fibra y pocas grasas saturadas. Y, precisamente, las legumbres aportan un alto contenido en fibra, son la principal fuente de proteínas de origen vegetal y contienen una cantidad muy baja de grasas”, explica el Dr. Ignacio Fernández Lozano, secretario general de la Fundación Española del Corazón (FEC); quien añade que, “según el estudio PREDIMED, probablemente uno de los estudios de nutrición recientes más importantes, ya apuntaba que tres raciones semanales de legumbres provocaban una disminución de los eventos cardiovasculares. Así, los metaanálisis recientemente publicados, no solo reafirman esta conclusión, sino que además aportan nuevos datos que demuestran el beneficio de estos alimentos”. 

Las legumbres: características y recomendaciones nutricionales

    Las legumbres son ricas en proteínas (17-25% de la composición total), hidratos de carbono (en torno al 55%), fibra (11-25% de su contenido) y varios micronutrientes. Contienen minerales (calcio, hierro y magnesio) y vitaminas del grupo B. Entre las especies consumidas en Occidente, las más populares son las judías blancas y rojas, las habas, los guisantes, las lentejas, los garbanzos y la soja.

   Los especialistas recomiendan consumir entre dos y cuatro raciones de legumbres a la semana, entendiendo por una ración 70g de producto en crudo (1 plato normal individual de legumbre cocida).

El Dr. Fernández Lozano recuerda que, “las legumbres son una forma fácil y barata de comer sano, un aspecto importante a tener en cuenta en tiempos de crisis. Además, forman parte esencial de la dieta mediterránea”.

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Guisante verde: aporta gran cantidad de vitamina C y Hierro. Es un alimento adecuado para las mujeres con ferropénica.
Lentejas: contienen proteínas ricas en aminoácidos esenciales. Combinadas con arroz, constituyen un alimento básico para los vegetarianos, ya que sustituyen a la carne, la leche o los huevos.
Garbanzos: Contienen tanto calcio como el queso y sus proteínas son las de más alto nivel nutritivo.
Soja: contiene una variedad de proteínas muy completa y presenta unas sustancias llamadas fitoestrógenos que actúan como antioxidantes y que son capaces de regular los niveles hormonales de las mujeres.
Habas: tienen un alto contenido en vitamina C, así como carbohidratos.